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Malas prácticas en comunicación política en tiempos de crisis.

16 abril, 2020

El objetivo de toda gestión de crisis es solucionarla o disminuirla, sin embargo, cuando hay malas prácticas en comunicación política en tiempos de crisis, esta puede incrementar su nivel de gravedad y la solución puede ser mucho más difícil.

Durante las últimas crisis en América Latina dadas en Ecuador, Chile, Colombia y Bolivia, podemos observar algo en común, la mala gestión de la crisis en los gobiernos, principalmente de los voceros, quienes eran los mismos presidentes.

Caso Boliviano:

El presidente Evo Morales tuvo un escalón en sus niveles de aprobación, en el 2002, tuvo el 20% de aprobación, en el 2005 el 53%, en el 2009, donde toco su pico más alto, obtuvo el 64% de aceptación, el 2014 llego a 61% y en el 2019, muy cercano a la fecha de la crisis contaba con una aprobación del 47%.

Cabe mencionar que el presidente boliviano contaba con 14 años de gobiernos realizados en 3 periodos, en su primer periodo nacionalizó a las empresas de hidrocarburo, creó el Estado Plurinacional de Bolivia, el partido de gobierno logró tomar el control total de las instituciones del Estado y había una hegemonía del discurso del presidente.

Todo iba viento en popa, Evo contaba con un amplio respaldo de la población, el cambio en el modelo fue aceptado por la mayoría, no hubo en ningún momento cuestionamientos por la gestión del gobierno.

Lo que causó la crisis fue la interpelación a la credibilidad del presidente boliviano, debido a que había prometido que no se reelegiría, sin embargo, tiempo después convocó a la ciudadanía a un referéndum para que haya una reelección más, Evo pierde y recurre al Tribunal Constitucional, que lo habilita para una nueva postulación.

Hubo voces de protesta desde sectores de oposición al gobierno desde las redes sociales y medios de comunicación, quienes recriminaban la promesa no cumplida por el mandatario, la crisis venía en camino, pero hubo poca observación desde el gobierno para darse cuenta de la gravedad del asunto.

People protest against Bolivia’s President Evo Morales in La Paz, Bolivia November 10, 2019. REUTERS/Marco Bello

El movimiento en contra del presidente boliviano comenzó a tomar cada vez más notoriedad y con esto más adeptos. La crisis se incrementó cuando el movimiento formado en de las redes saltó a las calles, en ese momento comenzaron manifestaciones masivas en las ciudades, provocando un desorden público.

Errores:

No reconocer la crisis:

En un primer momento no se reconoció la crisis, cuando estaba en su fase inicial en las redes sociales y en los medios de comunicación, desde el gobierno no hubo ningún pronunciamiento, el silencio era la estrategia en ese momento.

Después, cuando comenzaron las manifestaciones, tampoco hubo un reconocimiento de la crisis.

No reconocer el tipo de crisis:

La crisis tuvo nuevos liderazgos, los líderes de oposición conocidos, eran callados por los propios manifestantes, no había una confrontación, sino que se trataba de un conflicto.

Encuadre equivocado:

Evo Morales tildó de “Vagos” a los que asistían a las manifestaciones, provocando más enojo y más crisis en el gobierno. No había un reconocimiento de la crisis, lo único que se generó fue echar leña al fuego.

No tomar los espacios:

El voto duro o el mayor respaldo de Morales se encontraban en las zonas rurales, esto permitió que los manifestantes tomarán las principales plazas de la ciudad más rápido, con esto la derrota de Morales estaba prácticamente consumada.

No generar consensos:

El presidente Morales les hablaba más a las personas que lo apoyaban, le hablaba a su voto duro, y no se preocupó en ningún momento en buscar consensos con otros sectores políticos, lo principal en una crisis es tratar de acumular y no romper los vínculos de poder, para afrontar mejor el conflicto, sin embargo, se hizo todo lo contrario.

Caso Chileno:

El mandatario chileno Sebastián Piñera había ganado las elecciones de manera rotunda, casi sin contendor que pudiera hacerle pelea, además asumía un segundo periodo, nada mal para un político, antes que ocurra la crisis social.

Piñera gobernaba su segundo año, la situación social parecía muy tranquila, Chile era considerado uno de los países mejor ubicados en la región, un alto nivel de institucionalidad y una economía muy sólida que le permitió entra al grupo de países que pertenecen a la OCDE.

A inicios de octubre el gobierno chileno anunció el alza del pasaje del tren, en hora punta, de 800 a 830 pesos, lo que equivale a un incremento de 0,042 dólares, esto provocó que escolares salten las vallas que se utilizan para evitar que alguien que no pague el pasaje, tome el tren, esta actitud de rebeldía, generó una ola de acciones en el mismo sentido, orientadas a pasarse las vallas.

La vocera del ejecutivo chileno, Cecilia Pérez, expresó el rechazo del gobierno y que “no corresponde la violencia, creen que mil delincuentes, porque eso es lo que son, cuando agreden a guardias indefensos, destruyen el metro y golpean pasajeros».

Después en conferencia de prensa el presidente Sebastián Piñera declara lo siguiente: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite”, para ese momento había 8 muertos, todos manifestantes.

El 18 de octubre se viraliza una foto del presidente Piñera cenando con su nieto en un exclusivo restaurante la comuna de Vicatura, esto provocó una ola de críticas por parte de la ciudadanía en general. Una usuaria publico la foto y en el texto puso: “como si nada pasara”.

Para el 20 de octubre el mandatario suspende el alza del pasaje, sin embargo, esta buena noticia vino acompañada de una muy mala, el decreto del Toque de Queda, un hecho extremo que no da margen para volver, porque significaría una derrota, esto le pasó la factura debido a que murieron 23 personas, 5 a causa de la acción de agentes del Estado, un hecho trágico que no ayuda a resolver la crisis, hubo miles de heridos, muchos con lesiones oculares que incluso llegaron a perder la vista.

Por todo lo anterior, la Fiscalía decidió abrir investigación por más de 2 mil casos de violaciones a derechos humanos.

El 3 de febrero el presidente de la cámara de senadores defendió que el congreso se haya ido de vacaciones, diciendo que los parlamentarios “están en su derecho”. Esto confirmó, dentro de las voces de los manifestantes, que había una causa justa en los reclamos en contra de la clase política en general.

Las protestas no cesaron, parecía que no había fin, las acciones posteriores del gobierno como el aumento del sueldo mínimo, aumento de las pensiones, entre otros, no hizo cesar la crisis, ni siquiera el llamamiento a un referéndum para un cambio constitucional.

Errores:

No reconocer la crisis:

La única forma de saber si estoy en crisis o no, es evaluando el echo y plantearme todos los escenarios posibles, si no se ha hecho este ejercicio es muy probable que se actúa mal al momento de gestionar la crisis.

Querer Polarizar:

El llamado de guerra del presidente, radicalizaba el mensaje y extrapolaba la situación entre los que apoyaban con los “delincuentes” y los que estaban a favor del gobierno, esta decisión fue tomada cuando las manifestaciones no eran solo de un grupo de jóvenes, sino, habían más sectores comprometidos para ese momento.

Definir mal el encuadre:

La vocera del gobierno tildó de delincuentes a los manifestantes, y la verdad es que sí se cometieron actos delictivos, sin embargo esta declaración incendiaba la pradera, debido a que se pensaba que el reclamo era justo.

Continuar con la rutina:

En plena crecida de las manifestaciones, el presidente decidió ir a cenar con su nieto a un restaurante exclusivo, esto en una crisis, es decir que no te encuentras en una situación de normalidad. Como consejo lo que se debe hacer en toda crisis es romper con la rutina y tomar acciones que correspondan con el problema.

Hacerse de enemigos:

En el único tipo de crisis donde tienes a un enemigo es en la confrontación, inclusive en casos de conflicto no hay enemigos, el gobierno escogió como enemigo a los manifestantes, por tanto, también a los que pensaban que los manifestantes tenían razón.

Como vemos en los dos casos anteriores, no hubo crisis debido a una mala gestión, simplemente fueron crisis por malas actitudes y errores de forma de los gobernantes, que terminaron por el lado de Bolivia en la renuncia del presidente y en el otro en una crisis constante y una aprobación menor al 10 %.

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